El Trastorno de Estrés Postraumático es un trastorno psicológico que puede ser desarrollado después de experimentar un trauma. Tener síntomas de estrés postraumático justo después del trauma se encuentra dentro de lo esperable. Usualmente, para muchas personas estos síntomas declinan naturalmente con el tiempo, y no necesitan atención psicológica. Sin embargo, para muchas otras, estos síntomas persisten en el tiempo e interfieren en la vida cotidiana. En estos casos, donde el malestar y los síntomas continúan y generan inconvenientes en el funcionamiento diario, es necesaria la atención psicológica.

 

¿Qué es un trauma?

 

De acuerdo al Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5, 2013), se considera como trauma el hecho de haber sido expuesto a la muerte, a una lesión grave o a violencia sexual. Esta exposición puede haber ocurrido efectivamente, o la persona puede haberse sentido amenazada de que estos eventos ocurrieran (por ejemplo, en un intento de violación).

 

Algunos ejemplos de hechos considerados como posiblemente traumáticos podrían ser los siguientes:

 

  • Ser diagnosticado con una enfermedad grave que pone en riesgo la vida (ataque al corazón, etc.)
  • Ataque físico (agresión con armas, daños graves a partir de una pelea, ser apuntado con un revólver, etc.)
  • Ataque sexual (violación, intento de violación, ser forzado a un acto sexual con un arma, etc.),
  • Estar en combate o en una zona de guerras
  • Abuso infantil (golpizas importantes, actos sexuales con alguien 5 años mayor, etc.)
  • Accidente (daños importantes o muerte a partir de un accidente automovilístico o laboral, incendio en el hogar, etc.)
  • Desastres naturales (huracán importante, inundación, terremoto, etc.)

 

Por otro lado, estos hechos pueden haber sido experimentados de diversas maneras. Por ejemplo, la persona puede haber sido expuesta directamente a estos eventos traumáticos, es decir, haber sufrido en carne propia el trauma. Otras veces, es posible que la persona haya presenciado directamente el trauma ocurrido a otra persona. En otras ocasiones, enterarse o tener conocimiento de que hechos violentos o accidentales le ocurrieron a un amigo íntimo o a un familiar cercano, puede ser considerado un hecho traumático. Por último, también puede ser considerado como trauma la exposición repetida o extrema a detalles repulsivos del suceso traumático (como podría suceder en el caso de socorristas que recogen restos humanos, policías repetidamente expuestos a detalles de maltrato infantil, etc.).

¿Cuáles son los síntomas o reacciones comunes experimentados después de un trauma?

 

  • Recuerdos indeseados y angustiantes acerca del trauma
  • Sueños desagradables o pesadillas relacionadas con el trauma
  • Revivir la situación traumática o sentir como si estuviera sucediendo de nuevo
  • Sentirse muy perturbado emocionalmente cuando algo le recuerda el trauma
  • Experimentar reacciones físicas cuando algo le recuerda el trauma (por ejemplo, sudoración, sentir el corazón latiendo más rápidamente, etc.)
  • Tratar de evitar pensamientos o sentimientos relacionados con el trauma
  • Tratar de evitar actividades, situaciones, o lugares que le recuerden el trauma o que usted siente que son más peligrosos desde el trauma
  • Ser incapaz de recordar partes importantes del trauma
  • Verse a sí mismo, a otros, o al mundo de una manera más negativa que antes (por ejemplo, “No puedo confiar en las personas”, “Soy una persona débil”, etc.)
  • Culparse a sí mismo o a los demás (aparte de la persona que lo lastimó) por lo que pasó
  • Tener sentimientos negativos e intensos como miedo, horror, enojo, culpa o vergüenza
  • Perder interés o no participar de actividades que solía hacer
  • Sentirse distante o aislado de los demás
  • Tener dificultad para experimentar emociones positivas
  • Estar más irritable o comportarse de manera más agresiva con los demás
  • Tomar más riesgos o hacer cosas que podrían causarle daño a usted o a otras personas (por ejemplo, manejar imprudentemente, consumir drogas, tener sexo sin protección)
  • Sobresaltarse con mayor facilidad (por ejemplo, cuando alguien camina detrás suyo)
  • Tener dificultad para concentrase
  • Tener problemas para conciliar el sueño o permanecer dormido

 

¿Debo buscar ayuda?

 

Si usted sufrió un trauma y presenta varios de estos síntomas, es posible que esté cursando un Trastorno de Estrés Postraumático. Es importante remarcar que los puntos claves para considerar si la persona necesita o no atención psicológica son: la duración de los síntomas después del trauma y si estos síntomas interfieren con la vida cotidiana (por ejemplo, estos síntomas repercuten en su entorno social, familiar, laboral, etc.).

 

Experimentar una situación traumática es una situación terrible y muy difícil de afrontar. Sin embargo, afortunadamente, hoy en día existen tratamientos psicológicos que pueden ayudarlo a recuperar su vida después de un trauma. Por lo tanto, si considera que necesita ayuda, no dude en consultar.

 

Cualquier intento de cambio implica enfrentar cierta cuota de temor ante lo incierto de lo que vendrá. Tanto si hablamos de perseguir un sueño, concretar un proyecto, adquirir hábitos nuevos o superar un trastorno psicológico, siempre existe la necesidad de incorporar información nueva, experiencias diversas, asumir riesgos. Todo esto implica salir de ciertas zonas cómodas y conocidas (aunque no placenteras o beneficiosas) para adentrarse en terrenos novedosos. Este video nos muestra de una manera sumamente gráfica (literalmente) qué es y qué implica salir de la zona de confort. Esperamos que lo disfruten.

 

Los pensamientos automáticos son el diálogo interno que tenemos con nosotros mismos. Suelen ser frases cortas, imágenes o palabras claves que llegan de sorpresa, de manera involuntaria y espontánea. Aparecen tan rápidamente en nuestra conciencia, que no podemos anticiparlos y les damos veracidad, muchas veces sin cuestionarlos.

Lo que pensamos está guiado por las creencias que construimos a lo largo de nuestras vidas a partir de nuestra crianza, las relaciones con los demás y las situaciones que fuimos viviendo.

Cuando la persona está tranquila, puede analizar y reflexionar sobre el auto diálogo y descartar lo que no le parece apropiado. Cuando la persona esta atormentada por ansiedad, estrés o depresión estos pensamientos pueden estar distorsionados dando una interpretación diferente o falsa de la realidad. A esto se llama distorsiones cognitivas.

Por ejemplo, una persona que tiene ansiedad social, puede pensar al entrar en un salón con gente: “voy a hacer el ridículo y todos me van a estar mirando”. Si la persona tiene temor al encierro, cuando esté frente a un ascensor pensará: “si se traba el ascensor me va a dar un ataque”. Una persona se cruza con un conocido en la calle y no lo saluda cree: “quién se piensa que es para ignorarme, es un engreído”.

Estos pensamientos distorsionados desencadenan nuestros peores miedos, y si no logramos debatirlos, les creemos, sintiéndonos más temerosos, molestos o angustiados.

Acá están algunos de ellos para que puedas detectarlos, y aprender a modificarlos:

  • FILTRO MENTAL: Se filtra lo negativo, lo positivo se olvida. Toma en cuenta solo los sucesos que apoyan su miedo. Suele decir: “No puedo soportar esto”, “No aguanto que..”, “Es horrible”, “Es insoportable”.
  • PENSAMIENTO POLARIZADO: Las cosas se valoran como buenas o malas, blancas o negras, olvidando grados intermedios. Un error o equivocación me lleva a la conclusión de que soy un “Fracasado”, “Cobarde”, “Inútil”, etc.
  • SOBREGENERALIZACIÓN: Si ocurrió una vez, va a ocurrir siempre. Si me fue mal en un examen pienso “Nunca terminaré la carrera”. Otra persona que se siente triste piensa: “Siempre estaré triste”. En esta distorsión suele escucharse frases como: Todo me sale mal.. Nadie me quiere.. Nunca voy a poder.. Siempre fracaso.. Todos me critican.. Nadie me va a ayudar”.
  • VISIÓN CATASTRÓFICA: consiste en adelantarse a los acontecimientos de modo dramático sin prueba alguna de que va a ocurrir eso. Anticipan que las cosas van a salir mal, piensan “¿Y si me ocurre a mí… tal cosa que haría?.
  • PERSONALIZAR: habito de relacionar, sin base suficiente, los hechos del entorno con uno mismo, “Lo dice por mí”, o se compara permanentemente con los demás “Hago esto mejor (o peor) que tal”.
  • FALACIA DE CONTROL: Las personas con esta distorsión suelen creerse responsables de todo lo que ocurre a su alrededor, o bien en el otro extremo se ven impotentes y sin control sobre los acontecimientos de su vida; dicen “no puedo hacer nada para estar mejor”.
  • FALACIA DE JUSTICIA: consiste en la costumbre de valorar como injusto todo aquello que no coincide con nuestros deseos y necesidades. La persona se queja: “!No hay derecho a..”, “Es injusto que..”.
  • LECTURA DE PENSAMIENTO: Asumir que se lo que los demás están pensando o sintiendo en determinada situación, sin evidencia alguna.
  • RAZONAMIENTO EMOCIONAL: la persona cree que lo que siente emocionalmente es cierto. Si una persona se siente irritado es porque alguien ha hecho algo para alterarle, si se siente ansioso es que hay un peligro real, etc.
  • FALACIA DE CAMBIO: Consiste en creer que el bienestar de uno mismo depende de manera exclusiva de los actos de los demás. Son los otros quienes han de cambiar primero su conducta por ejemplo “La relación de mi matrimonio solo mejorará si cambia mi marido”, “si mis hijos se portaran mejor, no me enojaría”.
  • ETIQUETAR: poner una etiqueta globalizadora a nosotros mismos o a los demás con una visión estereotipada e inflexible. Se suele expresar diciendo: “Soy un perdedor”, “Es un irresponsable”.
  • MINIMIZACION/MAGNIFICACION: Le quita valor a las propias aptitudes y logros minimizándolos, al tiempo que magnifica las experiencias negativas.
  • CULPABILIDAD: Consiste en atribuir la responsabilidad de los acontecimientos a uno mismo o bien a otros, sin base suficiente y sin considerar otros factores que contribuyen a los acontecimientos.
  • LOS DEBERÍAS: mantiene reglas rígidas y exigentes sobre como tienen que suceder las cosas o ser las personas. Cualquier desviación es insoportable y conlleva a una grave alteración emocional. Suele expresarse con frases que comienzan con: “Debería de…”, “No debería de..”, “Tengo que..”, “No tengo que…”, “Tiene que..”.
  • TENER RAZÓN: Consiste en la tendencia a pensar ante un desacuerdo con otra persona, que el punto de vista de uno es el único correcto y cierto. Se hace imposible llegar a acuerdos y valorar el punto de vista del otro.
  • FALACIA DE RECOMPENSA DIVINA: Consiste en la tendencia a no buscar solución a problemas y dificultades actuales suponiendo que la situación mejorará “mágicamente” en el futuro.

En conclusión, cuando una persona se deja guiar por sus pensamientos distorsionados puede ver afectadas sus emociones, sus conductas, y las relaciones con los demás, provocando gran malestar y conflictos.

La Terapia Cognitivo Conductual utiliza la técnica de reestructuración cognitiva para ayudar a reemplazar las distorsiones por pensamientos más racionales y adaptativos, que permiten interpretar las situaciones con una mirada diferente.

La culpa es un sentimiento que nos avisa que nuestras acciones u omisiones han perjudicado a otro (o a nosotros mismos). Generalmente, nos sirve para enmendar el error, y evitar volverlo a cometer . Nos lleva a ser responsables de nuestras acciones.

Pero la culpa no cambia los errores del pasado y puede transformarse en una emoción que agobia y guía a una equivocada toma de decisiones.

¿Porque te sentís así?

La culpa no se origina en lo que hacés, sino en la interpretación de la situación y cómo nos calificamos por ella. Por eso es que frente a una misma situación, hay personas que sienten culpa y otras que no.

La persona culposa habitualmente tuvo un crianza marcada por las duras críticas a sus errores. Se rige por expectativas elevadas, principios morales rígidos, baja autoestima y suele poner el bienestar de los demás por delante del suyo propio. Es fácilmente vulnerable al chantaje emocional porque no quiere hacer nada que haga sufrir a otro, aunque vaya en contra de su propio bienestar.

Si tus creencias dicen que ser una buena madre es estar todo el día con sus hijos y quedarse en la casa cuidando del bienestar de la familia, cuando te ves obligada a salir a trabajar puede aparecer un sentimiento de culpa por “dejarlo” en casa al cuidado de otra persona. La culpa además de hacerte sentir mal con vos misma, puede influir en el momento en que tengas que manejar un capricho o decidir un regalo, por sentir que tenés que compensar a tu hijo por tu ausencia.

¿Qué podes hacer?

Para dejar de autoevaluarte negativamente, comenzá a comprender cuáles son las ideas que te hacen sentir culpable y si podría haber otra forma de interpretar la misma situación.

Evaluar a quién dañás, meditar si hubieras podido evitarlo, o por qué elegiste actuar de esa manera. Revisar las creencias y valores permite comprender el por que de tus acciones y los sentimientos que provocan. Preguntarte si esos valores son adecuados, si tus expectativas son realistas y si había otras opciones posibles.

Es importante saber que hay muchas formas posibles de manejar una situación. Un pensamiento rígido puede hacerte creer que hay una sola forma de actuar de manera correcta, y si no logre hacerlo así, te auto reprocho y castigas hasta sentirte físicamente mal.

Siguiendo con el ejemplo anterior, si comprendemos que en estos tiempos muchas familias necesitan por motivos económicos o personales que ambos padres trabajen, podría dejar de criticarse duramente y enfocarse en sus conductas como mama cuando esta con tus hijos.

Aunque te tortures pensando, muchas veces lo único que podes hacer es aceptar que en ocasiones uno hace lo que puede. Cometer errores, la injusticia y las desgracias son parte de la vida.

Lo ideal suele estar lejos de lo posible. Llenar tu cabeza con pensamientos de remordimientos no cambia la situación ni la hacen mas llevadera, solo provoca mayor malestar y afecta negativamente el autoestima

Compartimos las reflexiones del periodista y padre Carlos Capdevila acerca de cómo criar a nuestros hijos aplicando cuatro sentidos; el sentido común, el sentido del ridículo, el sentido moral, y el sentido del humor.

Cuando las preocupaciones, las dudas y los miedos alcanzan una intensidad que afectan el bienestar psicofísico e interfieren con la tranquilidad y la capacidad de funcionar de la persona, estamos frente a un Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG).

Esta ansiedad difiere a la de otros trastornos de ansiedad porque no es provocada frente una situación específica (fobia) y es menos intensa que la que se experimentan en las crisis de pánico, pero tienen una duración más extensa, que acompaña a la persona durante todo el día.

El contenido de las preocupaciones no difiere de los temas que nos preocupan a todos: salud propia o de sus familiares, cometer errores en el trabajo, afectar el bienestar familiar, perder el trabajo o la estabilidad económica, etc.

La jornada se ve inundada de preocupaciones alarmistas que irrumpen de manera persistente, y lo mantienen en un estado de tensión permanente. Cada situación cotidiana se vuelve una hazaña a sortear, en la que se espera el peor desencadenante.

Estos pensamientos se vuelven incontrolables, condicionan el estado anímico y perturban la vida personal, social y laboral.

Los síntomas comunes que presentan las personas que padecen de TAG son:

– Síntomas emocionales; anticipación y preocupación excesiva, constante e incontrolable. Incapacidad de tolerar la incertidumbre. Necesidad de reaseguro y aprobación frecuentes. Temor al cambio.

– Síntomas físicos: Tensión muscular, alteraciones en el sueño, nerviosismo, inquietud, irritabilidad, náuseas, diarrea.

– Síntomas conductuales: incapacidad de relajarse, distractibilidad, procastinación, evitar situaciones que lo ponen ansioso.

La Terapia Cognitívo Conductual busca modificar el sistema de creencias para entender el funcionamiento de la preocupación y comenzar a modificar el diálogo interno alarmista que la sostiene.

Esto implica desafiar pensamientos preocupantes irracionales, y aprender a aceptar la incertidumbre en la vida. Discernir que obsesionarse con el peor escenario no es lo mismo que prepararse para enfrentarlo. El terapeuta brindará apoyo para ampliar la seguridad en la capacidad de resolver los problemas, cuando se presenten. Es decir, dejar se preocuparse para ocuparse.