Estamos en vacaciones, momento en el que se descansa de la rutina escolar y aumenta el tiempo libre para disfrutar de otras actividades. A pesar de tener juguetes, libros, juegos de mesa, televisión, tablet etc., los niños pueden quejarse de sentirse aburridos.

El aburrimiento es un estado mental, no es sólo el hecho de no tener nada por hacer. Aburrirse no es malo, sino más bien clave para que los niños puedan expandir su creatividad, inventar nuevos juegos, y explorar nuevas pasiones. Es un desafío para el niño que debe generar nuevos recursos y para los padres, que deben tolerar los tiempos, dar el lugar, sin precipitarse con propuestas variadas para “solucionar el problema”.

Los niños que asisten a jornadas escolares extendidas y son seguidas por actividades extracurriculares o por obligaciones académicas como hacer la tarea o estudiar para una evaluación, no están acostumbrados a manejar su tiempo de ocio o suelen recurrir al uso de las nuevas tecnologías, que los deja nuevamente en un rol pasivo. Esto habitualmente agrava el problema. El niño se acostumbra a estar estimulado, entretenido, sin esfuerzo y luego se frustra fácilmente cuando el entretenimiento depende de él.

Los padres deben discernir este momento de transición a una nueva situación de disponer de más tiempo libre, como normal, y dejar que el transcurso de los días, el niño vaya encontrando actividades y nuevos intereses.

Entonces, el niño puede utilizar este aburrimiento, como un momento para aprender a como entretenerse, ser más creativo, ser más flexible, y disfrutar de los momentos en que no están presionados por obligaciones, horarios y actividades.

Es importante distinguir si hay otras emociones involucradas como: • Soledad (por no ver a sus compañeros). • Desconcierto (frente al cambio de la rutina estructurada). • Frustración (por no saber qué hacer con su tiempo libre).

Si los padres sospechan que el niño se siente solo, porque ya no tiene su grupo de amigos del colegio, es importante explicarle que lo que él siente no es aburrimiento sino tristeza por extrañar a sus amigos. Una buena idea es mandar a su amigo un mensaje o video invitándolo a jugar en una casa o una plaza para que pueda encontrarse con ellos y disfrutar de su compañía.

Para aquellos niños con más dificultades para adaptarse a los cambios, esto puede ser una situación provocadora de estrés, por lo que se recomienda armar una rutina con algunas actividades que le permitan comprender como va a pasar ese tiempo libre, con quien, que cosas se hacen en vacaciones. Algunos niños les resulta útil mostrarlo en un almanaque gigante que les permita saber cuándo estarán vacacionando en casa, si tienen programando algún viaje y cuando será el regreso a la escuela.

En vacaciones, los adultos también podemos encontrar el tiempo para hacer actividades más desestructuradas, relajarnos al aire libre, y aprovechar el clima del verano para disfrutar de ver las estrellas, hacer picnics, salir de la rutina. También es un buen momento para conversar sobre lo que los papas disfrutaban hacer en vacaciones cuando eran chicos, cuáles eran sus juegos favoritos en el verano y con quienes compartían ese tiempo libre.

Teniendo en cuenta que el periodo de vacaciones es extenso, es posible que los niños recurran a los papás para expandir sus opciones de actividades y siempre resulta útil tener ideas que sean apropiadas para la edad y los intereses del niño. Es recomendable brindar sólo pocas opciones a la vez, para que sea fácil para el niño elegir y orientarlo en los materiales que necesitara para hacer la actividad, si es una actividad que puede realizar solo o va necesitar de nuestro apoyo.

Nunca viene mal para aprovechar este momento que los niños están más relajados, para enseñarles tareas domésticas sencillas apropiadas a su edad, en las que puedan aumentar su autonomía, y sentirse útiles en la casa como cuidar a la mascota, ordenar su habitación, regar las plantas o en niños más grandes, hacer las compras, preparar el almuerzo, lavar los platos, etc.

En consecuencia, el aburrimiento es normal y necesario, puede ser una gran oportunidad para que los niños sean más creativos, responsables e independientes. ¡¡A no desaprovecharlo!!

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